Él me dijo

Ayer él me dijo: _Quiero hablar contigo, puedo? _Claro! soy toda oídos!! Exclamé y comenzó a hablar.

_Han creado mentiras, con mi nombre, palabras falsas y esa verdad ingrata que elevan, llevan a países lejanos y alojan dentro de mentes sumisas.
Ese no es quien dije ni presenté, mentiras ajenas, pues yo no soy ese, dentro de ellos el mal permanece, como podéis llevar la palabra falsa y mi nombre decir, yo no soy ese, os maldigo, el mal está en vosotros.
Como podéis decir todo lo que oigo, vuestra vida, ropas, alimentos sois la mentira que nunca quise en mi, es como la decisión que nunca permití en el hombre y vosotros lleváis la maldad por el mundo,  siendo quien sois, no entiendo como me podéis pedir que sea el nombre que clamas y lleváis con el bien a los hombres de buena fe, siendo vosotros pecado puro que cada día hace mas daño y camina por sitio falso engañando con palabra y obra, solo queréis dinero bienes y poder, todo lo contrario a lo que yo demostré, dije, enseñé y quiero, pero, os dejo continuar para ver hasta donde llega vuestra avaricia, la que llega a ser codicia, tenéis bienes y poder, llegáis a ser ostentosos y el dinero os tiene ciegos, de tal manera, que sois todo lo contrario a eso que un día os hizo uniros a mí, riqueza espiritual , dignidad, humildad y pobreza, pero nunca castidad o el voto de silencio, que no entiendo!!

Esto lo escribí el otro día de repente, sin saber porque y hoy navegando por la red me encuentro el último comunicado del Papa, en el que termina diciendo esto:

_La Iglesia es madre, y no debe olvidar este drama de sus hijos. También ésta debe ser pobre, para convertirse en fecunda y responder a tanta miseria. Una Iglesia pobre es una Iglesia que practica una voluntaria sencillez en su propia vida – en sus mismas instituciones, en el estilo de vida de sus miembros. De esta cercanía familiar, desde el inicio, está hecha la Iglesia. Y no olvidemos que el juicio de los necesitados, de los pequeños y de los pobres anticipa el juicio de Dios ( Mt 25, 31-46) «Hijo, no rechaces al pobre lo necesario para la vida, no seas insensible a la mirada de los necesitados. No entristezcas a quien tiene hambre, no exasperes a quien está en dificultad. No preocupes a un corazón que ya está exasperado, no niegues un don al necesitado. No rechaces la súplica del pobre, no rechaces la mirada al indigente. De quien te pide no rechaces la mirada, no des a él la ocasión de maldecirte» (Sir 4, 1-5a).
Por que esto será aquello que hará el Señor – lo dice el Evangelio – si no hacemos estas cosas.

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